Retiro espiritual sin dejar tu casa: sí es posible

Foto de Ross McCalllum en Unsplash

Irse de retiro espiritual es un excelente método para purificar tu cuerpo, palabra y mente. Cuando el Buda enseñó, quienes se volvieron sus alumnos también se volvieron monjes. Es decir, fueron personas que se retiraron de la vida mundana para purificarse. Pero no todos podemos dejar nuestra casa o volvernos monjes.

Muchos de nosotros no estamos listos, dispuestos o simplemente no podemos adoptar ese estilo de vida.

Tenemos hijos, estamos casados, estamos muy metidos en el sistema, en el trabajo, en nuestra profesión o en la sociedad, como para mandar todo al diablo y dedicarnos a vivir una vida de asceta.

Necesitamos una vía alterna para irnos de retiro

Cuando recién me volví budista, mi sueño era vivir en el bosque, en una cabaña, alejado de la sociedad, del mundo y de todo. Con el tiempo me di cuenta de que muchos tienen el mismo sueño.

Pareciera que en el fondo todos añoramos una vida monástica porque imaginamos que es algo súper tranquilo, aunque nadie sabe que sería muy difícil por todos los apegos que tenemos.

Con el tiempo también me di cuenta de que para muchos de nosotros, esa vida es simplemente imposible en este momento. Es fácil decir que renuncies a tu trabajo y lo hagas. Pero eso implica una serie de consecuencias no recomendables, por lo menos si quieres estar cerca de tu familia, o incluso si amas tu vocación.

Si tienes hijos, olvídalo. 

Justo ahora que se habla tanto de privilegio, seguro el príncipe Siddhartha vivía en condiciones que le permitieron abandonar a su esposa e hijos y volverse un asceta, para así iluminarse y volverse el Buda.

Esas circunstancias no todo mundo las tiene.

Ante esta situación, ¿qué puede hacer uno que no se puede dar el lujo de abandonarlo todo?

Una de las cosas que aprendí en mi recuperación de adicciones, es que no tienes que volverte monje para privarte de placeres sensoriales. Sí, tal vez entrar a una clínica es como meterte a un monasterio y así retirarte de la sociedad para poder sanar.

Pero los adictos no pueden vivir en una clínica para siempre como tal vez lo haría un monje en un monasterio. Después de 28 días van para afuera. De nuevo se meten a la jungla y se topan una vez más con todos los riesgos: fiestas, publicidad, música, drogas, estímulos sexuales por todos lados…

Si lograron integrar bien las herramientas de recuperación, tal vez no recaigan. Y justo ese nuevo estilo de vida es el que me recuerda de nuevo al ascetismo de los monjes: quien no se quiere morir de sobredosis o cirrosis, debe abstenerse del placer de consumir para toda la vida.

Y no solo eso. Conforme pasaron los años, entendí que quien quiere vivir en calma, en paz, debe abstenerse de muchas cosas más: zonas de confort, hábitos alimenticios nocivos, adicciones al entretenimiento, a procrastinar, a discutir por discutir, a la inactividad física, etc.

El retiro espiritual sin abandonar la vida mundana

En los últimos años me he obsesionado con cultivar el bienestar espiritual no solo porque me da mucha paz. Como budista, es esencial que sea disciplinado si es que aspiro a iluminarme. Como instructor de meditación, es lo menos que puedo hacer si quiero guiar a otras personas para que aprendan los básicos del Budismo.

Esta obsesión me ha permitido acercarme a esta vida de renunciante, sin tener que raparme la cabeza, abandonar a mi esposa e hijos-animalitos, ni tener que usar túnica por el resto de mi vida.

Pero sí me he retirado de la vida mundana, por lo menos de una parte de ella.

La cuarentena como que acentuó un poco más este cambio pero desde antes ya había renunciado a muchos comportamientos que se consideran normales. Hay muchas personas que me consideran aburrido justo por esto.

Así es esto. Cualquier persona que quiera ser saludable y dejar de ser nocivo, tiene que pasar por este cambio, abandonar lo divertido (y nocivo) y acoger lo aburrido (pero saludable).

Si fumas, sabes a qué me refiero. Si eres adicto a la comida chatarra, sabes a qué me refiero. Si tienes un problema de procrastinación, sabes perfectamente a qué me refiero.

El ascetismo parcial al que debes someterte, está relacionado directamente con esa vida nociva que has cultivado durante décadas. En este sentido, ser saludable se vuelve un ejercicio en el que abandonas muchas cosas de tu vida cotidiana.

El retiro espiritual en la mente

La cosa no para ahí. Si llevas este entrenamiento a un nivel mental (que se supone que todo aquel que medita debe hacerlo), el ascetismo también se cultiva en la mente.

Tu identidad está compuesta, entre otras cosas, de una serie de hábitos. Muchos, si no es que la mayoría, son nocivos. Observar tu respiración y solo hacer eso durante, digamos, 10 minutos, debe sentirse como una gran monserga porque significa que no puedes hacer lo que siempre haces cuando te aburres o te pones ansioso.

En lugar de contarte historias, inventar fantasías, tener diálogos o monólogos en silencio, tienes que observar cómo inhalas y cómo exhalas.

Eso es difícil.

Bastante si eres primerizo en esto de abandonar hábitos. Pero ok, digamos que lo haces y, gracias a este retiro mental que haces, este abandono temporal de tus hábitos nocivos, tarde o temprano te concede paz.

Más allá del cojín de meditación

La serenidad, desafortunadamente, te acompaña unos minutos después de tu sesión de meditación.

Al involucrarse de nuevo con las actividades del día a día, comienzas otra vez a apegarte a lo placentero, a evitar lo desagradable y con esto darle cuerda otra vez a tus adicciones sensoriales.

Necesitamos algo más poderoso que solo meditar sentados en silencio. He ahí el método de Active Dharma: Una vez que has aprendido las técnicas básicas de meditación, el siguiente paso es meditar mientras haces las cosas del día a día.

Varias veces he recomendado esta práctica. En resumen, es así: si comes, come. Si lees, lee. Si lavas los platos, lava los platos y si manejas tu auto, maneja tu auto.

La instrucción es esa: haz solamente lo que tienes que hacer. 

Es una técnica simple pero bastante difícil, tan difícil como volverte monje y abandonar la vida mundana. 

Por lo regular comemos y pensamos en otra cosa (o nos la pasamos viendo nuestro celular). Si lees, te distraes constantemente. Si lavas los platos, seguro estás pensando en lo mucho que te molesta lavar los platos. Estás haciendo otra cosa.

El retiro del que hablo comienza cuando abandonas todo lo que no es lo que debes estar haciendo.

Renuncias a tus ganas de pensar todo el tiempo, distraerte, checar tu teléfono o estarte quejando en silencio. Eso es un verdadero retiro espiritual. Te retiras de la vida nociva para vivir la saludable aquí mismo, en tu casa, oficina, ciudad, en tu vida caótica.

Toma tiempo, por supuesto, pero no es imposible. Así es como he estado viviendo en los últimos 3-4 años.

Cada día que pasa me vuelvo más bueno en eso de no pensar tonterías y enfocarme en la acción saludable. Solo en la acción saludable.

Me despierto, medito sentado una media hora y luego me voy a desayunar. Disfruto la comida de forma consciente (que por cierto, es una gran forma de no perder el control al comer, ¿eh?).

Cuando me baño sé que me baño, cuando hago ejercicio, sé que hago ejercicio. Cuando trabajo, sé que trabajo. Cuando limpio mi casa, sé que estoy limpiando mi casa. Cuando me voy a descansar, sé que estoy descansando.

Mi práctica de meditación comienza desde que abro el ojo, y termina cuando me voy a dormir.

Así se practica un retiro espiritual cuando no puedes irte al bosque a meditar sentado durante horas.

Que puedas retirarte de la vida nociva aun cuando no puedes irte de casa.

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