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Por qué nos enojamos por todo: una perspectiva budista


CURSO: Cultiva salud mental con la meditación

 

Foto de Zdeněk Macháček en Unsplash

Enfurecer resulta placentero.

Especialmente cuando vemos al otro inferior a nosotros.

Por eso nos enganchamos tan fácilmente en las redes sociales y a veces sin siquiera cruzar una palabra con otros. Basta con que leamos que alguien diga algo que nos parece estúpido o inferior y con eso tenemos para apretar el estómago o la quijada de coraje.

Si nuestra inteligencia emocional es débil, en minutos estaremos discutiendo con alguien en los comentarios.

Si nuestra inteligencia emocional es fuerte tal vez nos mantengamos al margen. Pero eso no quiere decir que las discusiones no ocurran en nuestra mente.

Mucho menos que estemos tranquilos, libres de corajes.

La furia no aparece solamente con desconocidos en internet. Aparece en la calle, cuando vamos manejando, cuando estamos en el súper o en una junta de trabajo.

Sin duda aparece en el hogar y seguro le toca a nuestros seres queridos.

Cuando aparece, interrumpe nuestra capacidad de pensar bien. A veces nos paraliza y tenemos que esperar a que pase para que podamos seguir con nuestras actividades.

Si el coraje es muy fuerte, hasta sentimos que nos falta el aire. Puede provocarnos migrañas y con frecuencia nos hace gastar la energía del día.

Hacer corajes es humano, sí. Pero también es sumamente nocivo.

Aun si tu labor fuese combatir, o pelear, es común que escuches que es mejor defenderte con la mente clara porque “el que se enoja pierde”.

Es verdad.

¿Qué dijo el Buda sobre la causa de la furia?

Esa creencia es que existe el yo.

Pero antes de hablar de la falsedad del yo, veamos qué consecuencias tiene su supuesta existencia:

  1. Si existe la creencia en el yo, existe el otro.
  2. Si existo yo y el otro, existe la separación entre yo y el otro.
  3. Si existe separación, surge una visión limitada del otro.
  4. Si surge una visión limitada del otro, no empatizo con el otro.
  5. Si no empatizo con el otro, no comprendo al otro.
  6. Si no comprendo al otro, asumo cosas erróneas del otro.
  7. Si asumo cosas erróneas del otro, surge el conflicto entre mí y el otro.

El Buda no solo dice que el fin del conflicto se da cuando no se establece el yo. Dice también que es imposible establecer al yo.

Antes de ver por qué dice eso, primero veamos cómo se define al yo en el Budismo.

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El error fundamental en nuestra percepción

Los seres humanos, al nacer, creamos una identidad. Conforme crecemos, observamos cómo esta identidad se desarrolla o cambia. Pero a pesar de que somos testigos de que cambiamos, nos comportamos como si fuésemos identidades que no cambian para nada.

Nos definimos y aferramos a ser de una forma determinada.

En resumen, el yo es la idea de que somos identidades incambiables, definidas, permanentes e independientes.

Lo primero que el Buda señala es que todo está en constante cambio, incluyendo nuestra supuesta identidad continua. Esto resulta evidente cuando volteamos a nuestro pasado y verificamos que efectivamente ya no somos esa persona del pasado. 

Ante tal hecho, ¿cómo es posible establecer una identidad?

Nada surge de forma independiente

Luego, el Buda también reveló que todos los fenómenos en la realidad surgen de forma dependiente. Dicho de otra forma, dijo que nada surge por sí mismo o de forma independiente.

El arroz con leche no surge por sí mismo, surge de forma dependiente de la leche, canela, azúcar, vainilla, del calor, de un recipiente y de alguien que prepare al arroz con leche.

Una fogata no surge por sí misma. Surge de forma dependiente de leña seca, fuego que la encienda y el contacto entre el fuego y la leña.

El sonido de una flauta no surge por sí mismo, surge de forma dependiente de una flauta, de alguien que sople en la flauta y del contacto entre la boca de la persona y la boquilla de la flauta.

De la misma forma, el Buda dijo que el yo no surge por sí mismo, surge de forma dependiente del cuerpo, la conciencia, las sensaciones, la percepción, los órganos, músculos, huesos y muchas otras cosas más.

Pero ojo, si el yo surge de forma dependiente, ¿acaso eso no va en contra de la definición que tenemos? O sea, ¿que no el yo es independiente? Esto comprueba que no podemos establecer al yo según dicha definición.

Y si depende de condiciones, ¿no quiere decir esto que está sujeto a existir cuando sus condiciones aparezcan y a dejar de existir cuando sus condiciones desaparezcan?

Esto lo hace, entonces, un suceso muy precario, muy impermanente. Una prueba más de que es imposible establecer al yo.

Por lo tanto, el yo como creemos que es, es falso.

El camino al cese del enojo

Todo suena muy bonito pero, ¿y eso qué tiene que ver con la furia?

Bueno pues, esta es la clave para erradicar la furia.

  1. Si no se puede establecer la creencia del yo, no se puede establecer al otro.
  2. Si no existo yo y el otro, no existe la separación entre yo y el otro.
  3. Si no existe separación, no surge una visión limitada del otro.
  4. Si no surge una visión limitada del otro, sí empatizo con el otro.
  5. Si empatizo con el otro, sí comprendo al otro.
  6. Si comprendo al otro, no asumo cosas erróneas del otro.
  7. Si no asumo cosas erróneas del otro, no surge el conflicto entre mí y el otro.

¿Cómo se abandona la perspectiva del yo y se adopta una perspectiva sin yo?

A través del abandono de comportamientos egocéntricos y la meditación.

¿Por qué la meditación?

Por que es en este entrenamiento donde se abandonan acciones y perspectivas egocéntricas sutiles, imposibles de erradicarlas solo con acciones corporales.

La llave entonces para dejar de esta furiosos todo el tiempo es comprender lo que enseñó el Buda sobre la imposibilidad del establecimiento del yo, abandonar actos nocivos y practicar la meditación.

Que puedas entrenar tu entendimiento, cuerpo, palabra y mente para ser libre de la furia.

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