La monserga de vivir en el ahora

Foto de Hayley Clues en Unsplash

La vida espiritual, la verdadera vida espiritual, es muy aburrida.

Miles te dicen que vivas “en el presente”, pero ¿quién en verdad tiene ganas de hacer eso?

¿Quién está dispuesto a poner atención al acto de, digamos, tender la ropa mojada sin ponerse a pensar en otra cosa?

Porque si no estás consciente de que lavas los platos mientras lo haces, no estás viviendo el presente.

¿Quién pone atención al hecho de doblar y guardar la ropa limpia que sacamos de la lavadora?

Somos medio selectivos en eso de vivir en el presente

Cuando ponemos atención a nuestro trabajo, es decir, a estar conscientes de lo que escribimos en los emails, o de lo que se dice en las juntas, puede decirse que ahí sí estamos viviendo en el ahora.

Pero eso es a fuerzas. Lo hacemos porque tenemos que hacerlo. Si no ponemos atención puede que cometamos un error y luego nos corran del trabajo.

O tal vez cuando hacemos ejercicio, cuando salimos a correr o hacemos nuestra rutina de acondicionamiento físico, seguro estamos en el presente porque disfrutamos las sensaciones del movimiento corporal. Lo mismo podemos decir del yoga.

Pero fuera de las cosas que nos gustan o que tenemos que hacer a fuerzas, la verdad es que preferimos irnos a otro lado con la mente.

Vivir en el presente todo el tiempo y en cada actividad es una monserga porque se siente limitante.

La verdad es que lo detestamos. Nadie quiere estar presente en momentos ordinarios.

“¿Y qué tiene de malo estar fantaseando?”

Por un lado, nada. Es un regalo que podamos experimentar mundos alternos en nuestra mente. Podemos ser incluso personajes completamente diferentes al que somos en realidad.

Pero la imaginación también es un arma de dos filos. Si nos volvemos adictos a ella, la vida real puede pesar bastante.

Y es que si lo piensas, no te puedes separar de la vida real. Cada que tus fantasías se dan golpes de realidad, pues duele bastante.

Si tienes que ir a trabajar diario, tender la ropa mojada, o lavar los platos, tal vez los golpes no sean tan duros.

Pero al ser diarios, a la larga tu salud emocional puede verse afectada.

La queja eterna vs la vida sin conflicto

Estar en el presente no trata solamente de “dejar de vivir en el pasado o en el futuro”, como suele decirse.

Quien adopta este entrenamiento de forma correcta, lo hace para cultivar una tolerancia a la realidad que por lo general evitamos con la mente.

La práctica es entonces aprender a convivir con la realidad, sin quejas.

Es aprender a estar en paz con el aspecto ordinario o imperfecto de la vida.

Esto no significa que estés de acuerdo con los hábitos nocivos de las personas. Pero tampoco que haya conflicto porque a la gente le falta mucho por cambiar. Simplemente es lo que hay y aprendes a vivir y trabajar con ello.

Si te das cuenta, cuando aceptas las cosas como son en este instante, se acaba el conflicto. Se acaba el drama y se acaba la diversión.

A uno le cuesta dejar de sufrir porque muchas veces nos gusta más el drama que la vida sin drama.

Pero ese es el camino: la vida aburrida en realidad es la vida en calma.

Si te preguntabas porque te cuesta mantener tu atención en la respiración, es porque ésta es un suceso en calma y sin drama.

Toing.

Que puedas apreciar la paz de la vida sencilla del presente.

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