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Me he cambiado de casa 10 veces, de ciudad seis y de país dos. A partir de 2005 no me he movido de la Ciudad de México. No obstante, tanto cambio en mi infancia y adolescencia evitó que me identificara al 100% con una cultura. Eso jugó a mi favor ya que no me he vuelto regionalista o nacionalista y, de esta forma, no ha habido tierra fértil para generar desdén por culturas desconocidas. Pero digo a mi favor porque una ausencia de cultura es bueno cuando practicas el Buddhadharma (Enseñanza del Buda). Llevo desde 2008 siendo budista al 100% y agradezco haberme cambiado tantas veces de ciudad, lo suficiente como para no anidarme en una perspectiva.

Otra cosa que también jugó a mi favor fue que, por ahí de mis 20, me enfermé de alcoholismo y drogadicción. Sí, el sufrimiento juega a nuestro favor porque nos obliga a soltar el carbón al rojo vivo, cuando éste duele y vaya que una adicción quema. Pero para tratar esta enfermedad tuve que buscar ayuda. Alcohólicos Anónimos fue mi primera práctica espiritual genuina y pues sí, me cambió la vida para bien. A pesar de que era ateo, pretendí que había un poder superior que me podía regresar el sano juicio. El truco funcionó: Me mantuve sobrio y me calmé emocionalmente.

Con el tiempo la calma se volvió diaria, frecuente. Se volvió muy molesta. No sabía cómo quitármela. Quería deshacerme de ella porque todo era aburridamente ordinario. Dado que nada de lo que hiciera se servía, pues hice lo que me enseñaron en AA cuando no podía con algo: me rendí.

Tal rendición tuvo un impacto brutal en mi percepción. Descubrí que hay una forma de ser y estar más sana que la que conocemos. Como suele suceder con estos primeros vistazos a esta forma de ser y estar, corrompí esta nueva perspectiva con mis hábitos nocivos. Mi nueva espiritualidad, a pesar de ser genuina, se manifestó necia, desesperada, agresiva e imponente. Pero en ese momento, más que enfocarme en reducir esos hábitos nocivos, busqué alguien que respondiera las dudas nuevas que surgieron a partir de esta experiencia cognitiva-perceptual. Conocí a un maestro budista llamado Lama Yeshe Nyima, quien pertenecía a la tradición Dudjom Tersar, de la escuela Nyingma del Budismo Tibetano.

Si no fuera por Yeshe Nyima, no tendría ni idea del impacto tan positivo que el Dharma puede tener en la vida de uno. No sólo he podido reducir los hábitos nocivos, también he desarrollado habilidades que me permiten ser paciente, tener claridad y ser más asertivo. Además de las enseñanzas y prácticas tántricas que recibí de Yeshe Nyima, he estudiado con avidez los textos del Mahayana y muchos suttas Theravada.

Con el Dharma dejé de ser ignorante respecto a la forma en que la realidad se manifiesta (interdependiente), y por ende dejé de ser nocivo. Adicionalmente, la práctica de la meditación, el ritual budista y los preceptos de comportamiento saludable, me han permitido valorar otras tradiciones espirituales, así como perspectivas filosóficas, disciplinas psicológicas, sociales y de investigación y artes, la cuales nada tienen que ver con la espiritualidad (en apariencia). Desde el agnosticismo, psicoanálisis, anarquismo, democracias sociales, pintura y poesía, hasta el mismo ritual católico, Cábala, ocultismo occidental y magia tanto del sendero derecho como del izquierdo.

Hoy en día tengo trabajo de 9 a 7PM y, en mis tiempos libres, comparto el Dharma. Sigo en mi sendero, descubriendo lo que implica ver que todo surge de forma dependiente y, de la misma forma, lo que implica ver como todo cesa de forma dependiente.